Pemex aumenta su deuda con el medio ambiente

Expansión

Pemex aumenta su deuda con el medio ambiente

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14 de Septiembre de 2021

El mensaje ha sido fuerte y claro y suena como una última llamada para que los gobiernos no se centren más en el petróleo. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la ONU ha exhortado a los gobiernos a poner fin a toda nueva exploración de combustibles fósiles y trasladar todos sus subsidios hacia las energías renovables, cuyas inversiones deben cuadruplicarse hacia 2030.

El último informe científico del organismo, presentado en agosto, “debe sonar a muerte para el carbón y los combustibles fósiles, antes de que destruyan nuestro planeta”, dijo António Guterres, secretario general de la ONU. “La evidencia es irrefutable: las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la quema de combustibles fósiles y la deforestación están asfixiando nuestro planeta y poniendo a miles de millones de personas en riesgo inmediato”.

El foco de la atención se ha puesto en las empresas, sobre todo, las petroleras. Algunas están dando pasos hacia delante, de manera voluntaria o forzadas por las exigencias de los consumidores o las leyes. Otras, como la estatal Pemex, han hecho oídos sordos y continuado con una estrategia enfocada en el crudo. La mexicana, y con ella el mercado nacional, enfrenta una presión distinta: la de aumentar su producción de combustibles fósiles como parte de las metas del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Pero, en México, los cambios también han comenzado a asomarse. El informe de la ONU relata que, en el país, los días calurosos han aumentado, mientras que los fríos son cada vez más escasos. La república también se volverá un lugar más seco, con un clima cada vez más propicio para los incendios forestales. Un plan para acabar en el corto plazo con la producción de petróleo y el uso de combustibles fósiles en el país es poco viable, pero Pemex ni siquiera tiene uno para dejarlo de manera progresiva.


Los indicadores en revés

El Climate Accountability Institute, organismo estadounidense que evalúa el papel del petróleo y sus derivados en la creciente emergencia climática, ubica a Pemex como la novena petrolera más contaminante a nivel mundial y la primera en Latinoamérica. El listado, que es liderado por la también estatal Saudi Aramco, se construyó tomando como base datos de 1965 a 2018.

La mexicana nunca ha estado cerca de volverse un referente en temas ambientales, pero durante este sexenio la falta de interés de la administración de la petrolera que dirige Octavio Romero Oropeza por el combate al cambio climático ha sido evidente. “Esta situación en la que Pemex tiene un descuido respecto al medioambiente es algo que, desafortunadamente, ha sido muy prevalente por tres décadas. El Estado mexicano siempre le ha dado un estatus a Pemex de privilegiar sus operaciones”, dice Adrián Fernández, director de la Iniciativa Climática de México.

Hacia 2018, la estatal sumaba dos años consecutivos con una baja en la emisión de gases de efecto invernadero, los responsables del calentamiento de la atmósfera, en parte como resultado de un descenso en la producción de petróleo. Después de la caída y durante los dos primeros años de este sexenio, la emisión de estos gases por parte de Pemex ha registrado un regreso al alza. Las emisiones totales de dióxido de carbono equivalente crecieron 12.5% en 2020, a 54 millones de toneladas anuales, de acuerdo con información que la compañía ha entregado a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés).

Más contaminación a la atmósfera

El segmento de la estatal que más contamina es el de Transformación Industrial, que agrupa las seis refinerías de la compañía. Le sigue Pemex Exploración y Producción, la encargada de la explotación de crudo. La compañía aumentó su emisión de gases contaminantes, a pesar de mantener una producción estable de crudo –con un alza anual de apenas 0.12%– y de reducir su producción de petrolíferos en 5% durante el año pasado.

Los especialistas entrevistados aseguran que el aumento en emisiones, que no se justifica con un alza en la producción petrolera, es resultado de una baja en la inversión y las actividades de mantenimiento, así como la ausencia de procesos para controlarlas. De hecho, la empresa argumenta en su informe a la SEC algo similar y reconoce que se debe a la quema de gas, por su incapacidad para utilizarlo y que pierde por fallas en sus sistemas de compresión y a la necesidad de mantenimiento en sus equipos de refinación.

La compañía ha llevado sus inversiones y gastos relacionados con medioambiente a sus cifras más bajas en al menos dos décadas, según los reportes a la SEC. En 2020, destinó 468 millones de pesos en proyectos ambientales, una baja de 74.65% respecto a un año antes. La empresa agrupa en esta cifra todas las inversiones relacionadas con la modernización de instalaciones, la implementación de sistemas para controlar la contaminación atmosférica y la adquisición de equipo para hacer frente a derrames de petróleo y gas.

Esto es aún más evidente si se compara con lo ejercido en anteriores sexenios. La administración de Romero Oropeza ha destinado un promedio anual de 920 millones de pesos –tomando en cuenta el presupuesto de este año– en proyectos ambientales y gastos relacionados. Durante el gobierno anterior, el promedio de inversión de este rubro fue de 7,785 millones de pesos anuales.

En 2018, el último año del pasado sexenio, la estatal se propuso reducir en 25% sus emisiones de gases de efecto invernadero hacia 2021. La meta ha quedado olvidada y en los últimos años no ha habido ninguna señal de tendencia a la baja. Mucho menos se han establecido nuevos objetivos. Pemex ha señalado que se encuentra en un rediseño de estrategia y un plan para corregir, pero no ha dado ningún detalle al respecto.

Otras petroleras han comenzado a trazarse objetivos ambiciosos: en la lista están la francesa Total, la holandesa Shell, la española Repsol o la británica BP, que se han propuesto alcanzar emisiones netas cero de gases de efecto invernadero en 2050. Pero Pemex forma parte de otro listado, en el que se encuentran aquellas sin objetivos anunciados, y en el que también aparece la venezolana PDVSA.

“Hemos visto cómo lo fósil está permeando en todas las esferas de la administración pública, en la económica, que es normal y es histórica, pero también en la energética y la climática, que es más preocupante”, afirma Pablo Ramírez, especialista en energía y cambio climático de la organización ambientalista Greenpeace. “En su lugar debería de estar gestionando la caída del petróleo, la decadencia de los combustibles fósiles. La transición no va a venir de la noche a la mañana, pero lo que se necesita es un plan para dejar de usarlo. El Estado lo que tendría que hacer es administrar ese declive petrolero y administrarlo para llevarlo hacia otro modelo de negocio”.

La mexicana también ha incrementado sus emisiones de metano, uno de los principales componentes del gas natural y el segundo gas más contaminante y responsable del cambio climático, que se envía a la atmósfera cuando el gas que se produce durante la extracción de petróleo se quema en los pozos, no se utiliza o se envía a la atmósfera debido a las fugas, pues las instalaciones de la petrolera no tienen la tecnología adecuada para su aprovechamiento. Datos de la Comisión Nacional de Hidrocarburos revelan que, el año pasado, México lanzó a la atmósfera 454 millones de pies cúbicos diarios de gas no aprovechado, un aumento de 53% respecto a un año antes. Cerca del 80% es metano.

Un estudio de la organización Environmental Defense Fund (EDF) encontró que cerca de la mitad de todas las emisiones de metano del país se concentran en la región petrolera de Campeche, Tabasco y Veracruz, principalmente, en los pozos terrestres y en los centros procesadores de gas. “Muchos pozos son muy viejos, tienen falta de mantenimiento y también por eso podría ser tan fácil la solución”, dice Daniel Zavala, científico del EDF. “En el corto plazo, el cuidado de los procesos y mantenimiento habla de la simplicidad de lo que se puede hacer e implementar de manera rápida”.

La organización también halló que las emisiones de metano de la industria petrolera y de gas en realidad duplican las cifras que históricamente han sido reportadas por el gobierno.

Y Pemex no solo es el mayor emisor de este gas a nivel nacional, también es la empresa que concentra más puntos contaminantes en el país. Un listado de Greenpeace, que enumera los 423 sitios que emiten más dióxido de azufre a nivel mundial, con base en información de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés), identifica en México 19 de los puntos más contaminantes a nivel mundial. Once de ellos son propiedad de la compañía estatal y seis de ellos se ubican en sus refinerías.

La ausencia en las inversiones y la queja de los inversionistas

El discurso presidencial y de los principales actores de la política energética se ha centrado en el aumento en la producción de petróleo. La única señal que podría indicar un cambio en la estrategia la dio López Obrador en un mensaje previo rumbo a la Cumbre Climática, convocada por el presidente estadounidense Joe Biden, en abril pasado.

El mandatario aseguró que el país no rebasaría los dos millones de barriles diarios de producción de petróleo, que se guardarán reservas de crudo para generaciones futuras y puso en la mesa la posibilidad de detener el uso del combustóleo, un combustible cuya producción y uso han sido reavivados por el gobierno. Pero más allá del video que contenía este mensaje, la política ambiental se ha mantenido prácticamente desdibujada. La administración ha basado en su programa Sembrando Vida, centrado en la reforestación y siembra de árboles frutales, su estrategia contra el cambio climático.

Pemex ha sostenido que su principal estrategia de largo plazo se vincula con mantener sus reservas de petróleo. “Tenemos previsto hacerlo buscando un equilibrio entre el uso y el desarrollo de los recursos naturales, al mismo tiempo que aspiramos a reducir el impacto ambiental de nuestras operaciones”, señala su informe a la SEC.

En general, Romero Oropeza y su equipo han dejado de lado los esfuerzos internacionales relacionados con el cambio climático. Pemex frenó su participación activa en la Oil & Gas Climate Initiative, una propuesta a nivel internacional de la que forman parte las principales empresas petroleras y responsables de 28% de las emisiones mundiales del sector, como las estatales Petrobras y Equinor. Pemex se unió en 2014, el mismo año del lanzamiento de la iniciativa. El objetivo era participar o financiar proyectos en conjunto con otras grandes compañías del sector. Para las fuentes entrevistadas, esta solo ha sido una señal más de la política de la petrolera, que se ha enfrascado en un cierre al diálogo y a la cooperación.

Y los inversionistas, como Climate Action 100+, un grupo que se ha puesto como objetivo exigir a las empresas que tomen medidas por el medioambiente, y los tenedores de bonos de Pemex ya han comenzado a hacer más presión para que la petrolera se adapte a los cambios. No ha sido sencillo. Aaron Gifford, analista de deuda de mercados emergentes de T.Rowe Price, uno de los mayores tenedores de bonos de Pemex, reveló a Reuters que la administración de la empresa ha cancelado llamadas y reuniones para abordar el tema. “Esas reuniones en las que he estado han sido muy tensas y, a veces, incluso un poco acaloradas”, dijo el especialista a la agencia estadounidense de noticias.

Los analistas auguran un futuro financiero complicado para la compañía, que suma una deuda de 115,000 millones de dólares –el último récord que ha roto en el trimestre pasado– y que puede necesitar en el futuro acceder a los mercados para refinanciar sus pasivos o realizar inversiones. Pero el entorno no es el de hace pocos años y los inversionistas comienzan a tomar las acciones a favor del medioambiente como una de las variables más importantes para apostar su capital. Hoy, todas las empresas deben incorporar estándares de sustentabilidad medioambiental, social y desde la gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) cada vez más avanzados y los de Pemex no parecen suficientes.

La organización México Evalúa ha situado a la estatal como la tercera compañía más riesgosa para el medioambiente, solo por detrás de la china Guanghui Energy y la estadounidense Parsley Energy. El think tank mexicano ha dado a Pemex un puntaje de 56.7 puntos en riesgo ESG, que ubica a la petrolera en el grado máximo de calificación de riesgo. “En otros países hay autoridades que están impulsando un cambio, están obligando a las empresas a adaptarse, en México no. A nuestro gobierno es un tema que no le interesa y no le entiende, no quiere entenderle”, dice Ana Lilia Moreno, investigadora de México Evalúa.

La principal política de Pemex es el Programa de Apoyo a la Comunidad y Medio Ambiente (PACMA), que se basa en la emisión de donativos a las principales entidades petroleras, pero ha dejado de ser suficiente, dicen los entrevistados. En 2020, donó 1,764.8 mdp bajo ese programa, solo 1.8% o 32 mdp tuvieron como destino la protección al medioambiente.

En su última llamada con inversionistas, la administración de la petrolera agregó por primera vez un apartado sobre sus indicadores de sustentabilidad, pero los voceros de la compañía no compartieron la información con los analistas, por “falta de tiempo”. López Obrador ha culpado a sus antecesores de los problemas de la petrolera, pero la cuestión ambiental sigue fuera del discurso y parece que no hay quien quiera hacerse responsable.